martes, 8 de junio de 2010

A la lectura por las bragas.


Desconozco si es un montaje. Recibido por mail.

El Desclasado queda mudo del pasmo.

lunes, 7 de junio de 2010

Gamberrada.

Cada vez que veo las noticias me cabreo. Ahora una huelga de funcionarios, mal planteada, peor explicada, convocada por unos sindicatos que son parte del sistema y en los que no creen ideológicamente ni quienes viven de ellos. Crónica de un fracaso anunciado. Ves los telediarios, escuchas la radio y más de lo mismo: el "mercado" como fuerza mística que dirige nuestras vidas, al que se han de supeditar gobiernos, servicios sociales, educación, sanidad y bienestar. Todo sea por tener contentos a "los inversores", claro. Te hablan del Ibex 35 como si fuera lo más sabido del mundo. Pretenden que rías o llores si el Ibex sube o baja. Esto no tiene más solución que derrumbarlo todo y empezar de nuevo, el grado de gangrena es incurable. Hay que amputar.
Mejor cuento una gamberrada y me distraigo.
Tuve un jefe especialmente gilipollas. No es envidia en plan lucha de clases, todos-los-jefes-son-malos, era rematadamente gilipollas. De lo que se suele llamar "muy buena familia", lo habían colocado de jefazo y jugaba a ejecutivo innovador. Al tío le dio por utilizar técnicas gringas de formación. Ya saben, eso de meterte en cursillos donde te fuerzan a fingir personalidades, asertividad, competitividad, falta de escrúpulos para pisar a los demás....todas esas gilipolleces que si no crees, por mucho que te enseñen en un cursillo no vas a asumir como normas de vida. Hasta los cojones acabé de la asertividad. Para acabarlo de rematar los cursos eran de una semana interno en una residencia de una orden religiosa. Así que durante una semana deambulabas entre "padres y hermanos", aspirantes a ejecutivo y notas medio jipis camuflados como yo.  El curso que nos va a ocupar se llamaba "formador de formadores", nombre que denotaba la infinita modestia nada pretenciosa del subnormal que se inventó el nombre. Un curso para dirigir recursos humanos y tal. Para saber organizar equipos de trabajo y bla bla bla. 
Llegué con mi coche un lunes por la mañana a la residencia. Nos juntaron a todos en el hall e impartieron instrucciones: las habitaciones eran de dos personas, así que debiéramos juntarnos, sin conocernos, en parejas para coger habitación. Miré a las chicas y pensé que no, que mejor no empezaba pegando un cante para cagarse, que habría tiempo de cantar con toda la semana por delante. En realidad lo que pensé es que ninguna me iba a decir: "Si, vale, cogemos habitación juntos". Nunca lo sabré. Llevaba una chaqueta de alpinismo. Se me acercó un chico bajito, prematuramente calvo, sonrisa abierta, cara muy simpática. Llevaba una chaqueta de alpinismo. ¿Tú haces montaña?, me preguntó. "Jajaja, hasta dónde llego, sí", le contesté. ¿Pillamos habitación juntos? Hecho.
Pongamos que se llamaba Xisco. Conectamos de inmediato. Llegamos a la habitación asignada y Xisco cogió un cuadro de la virgen -no sé de cuál- que había colgado en la pared y lo metió en un cajón. "Es que me da mal rollo, ¿te importa? " "No, no, me da igual que esté que que no esté, no tengo manías a favor ni en contra". Parecía claro que Xisco era más jipi que yo. Me gustaba y no me equivoqué: hicimos amistad que conservamos después del curso.
Primera mañana de curso. Un sicólogo gafotas. Yo creo que ya me han tomado manía, porque me hacen salir a defender el uso vicioso de las drogas. Como se lo cuento. Allí, en medio de un círculo formado por todos los cursillistas, debo debatir con otros 3 que defienden que la dronga e mu shunga. Protesto: "esto no es serio, no puedo defender algo que no creo y tal". Denegada la protesta: se trata de eso: de que sea capaz de convencer de cualquier cosa. Vale, tío, sea. Creo que esa noche se fueron la mitad de los cursillistas a comprar dronga. Me aplaudieron. El sicólogo me miraba extrañado. Creo que lo que se pretendía era la humillación, no el triunfo. Xisco defendió algo más fácil, que no recuerdo, pero también lo pusieron a defender contra 3 y estuvo brillante. Nos habían cogido manía fijo. Nos reíamos demasiado, habiendo acabado de conocernos. Y no debía ser eso, no. Debíamos recelar unos de otros, enfrentarnos, competir, no hacernos colegotas.
Hora de la comida. Xisco y yo convinimos que esto era una mierda sectaria. Nos cascamos una botella de vino mientras el resto de aspirantes a ejecutivos nos miraban intrigados. Pasó lo previsible: se nos arrimaron los afines. Supongo que irradiábamos un foco de resistencia no resistente, simpática. Como si lleváramos escrito en la frente: "no me creo una mierda de esta reputa mierda, pero sé hacerlo". Los "afines" resultaron ser un tipo de Castellón que estaba como un cencerro, muy simpático también, y un chaval madrileño tirando a tímido, pero que, se veía a la legua, se creía esto menos que nosotros. Tías ni una. Querrían ser todas grandes ejecutivas. O igual es que éramos tirando a feos y con pinta de "quemar" si te arrimabas a nosotros. Quemar para ser seleccionado, quiero decir.
Curso de tarde. Mierda igual. Negar a ultranza una evidencia. Cosas así.
Cena. Ya somos 4, como los mosqueteros. El número nos hace crecernos. El vino va que vuela. Los frailes o lo que fuesen, no ponen reparos en servir. Has de ir tú a por las botellas, es autoservicio. Pero siempre te dan.
Habitación. Xisco: "¿tú fumas porros?". "Jajajaja, escasas veces, se me va mucho la pinza". "¿Te importa que yo...?" Joder, tío, ándale". Saca una bolsa de María para dopar a una batallón de cosacos. "Me la crío yo". "Joder, igual luego la pruebo, pero...¿sabes qué voy a hacer?" "¿Qué?" "Robar vino de la cocina, he visto la puerta trasera y está abierta". "Cabrón, jajajaja, espera, espera que me fume el porro y vamos a pegar el palo".
Cocina. Nos sentimos morbósamente ladrones. Entramos sin hacer ruido y todas esas cosas. Una sombra, joder, hay alguien. La hostia, es el de Castellón. ¿Pero, cabrón, qué haces aquí? Le da un ataque de risa que tiene que taparse la boca. Robar vino, estaba robando vino. Me da a mí el ataque de risa. Nos tenemos que salir de la cocina. Nos alejamos por un jardín inmenso. A distancia nos partimos de risa, a carcajadas. Cabrón- le digo- por la risa que nos ha dado no hemos robado ni tú ni nosotros. Espera- me dice- Avanzamos un poco por el jardín y encontramos al madrileño, cómplice tímido, con unas cuantas botellas de vino al lado. Pero, pero... pero sois el puto Dioni, con cómplice y todo recogiendo la mercancía, jua jua jua. Casi nos meamos. Acordamos formar la hermandad del hurto del vino. El castellonense y el madrileño también compartían habitación. Nos bebimos las botellas y la pareja afín nos enseñó un descubrimiento: una granja escuela dentro del mismo recinto. Con patos, gallinas, cerditos y hasta un burro. Un burro enorme al que pusimos el nombre del sicólogo. Sería para cuando alojasen colegios de críos, lo de la granja. 
Curso del día siguiente. Resaca bestia. El vino no era precisamente un Burdeos de cosecha. Otra sarta de gilipolleces. Estoy mirando al techo. Como el sicólogo ya me tiene manía me espeta:
- ¿No te interesa lo que digo?
- Sí, por eso mismo...
(Se queda descolocado)
- ¿Cómo que por eso mismo?
- Por eso mismo estoy contando el número de plafones del techo, por si nos preguntas por sorpresa, para ver nuestras dotes de observación, cuántos plafones hay en el techo.
Se oyen inicios de risitas que no se atreven a ir a más. La cara del sicólogo es un poema. Decide dejarme en paz el resto del día. Las tías siguen evitando mirarme, debo seguir quemando. Las tengo locas, está claro. 
Ya se están destacando pelotillas. Gente de esa que presta mucha atención, tanta que es sospechosa la actitud. Gente que asiente constantemente, que toma notas de todo, que se muestra admirada de tanto saber como muestra el sicólogo. La hermandad del vino les cogemos manía a esa gente. Capullos, creen que van a heredar la empresa siendo perrillos falderos del poder. Y el poder os gasta y luego os mea encima, os va la marcha y el poder lo sabe. Capullos.
En la comida el vino alivia la resaca. La solución del alcohólico. Nos suda la polla. Inconscientemente hemos decidido pasar la semana lo mejor posible y luego Dios dirá. El ambiente es asfixiante. Hay gente que se cree lo de todos compitiendo contra todos. Que quiere lucirse en público pegando cortes a los demás. Imponiéndose. La hermandad del vino somos demasiado...¿extraños? para ellos y no se atreven. Tienen miedo, ni respeto ni pollas: mie-do a vacilarnos. Vamos como aparte. 
Tarde de más tonterías, creo que esta vez fue de trasmisión de mensajes. Son preciosos los plafones del techo y su distribución.
Noche tranquila de jardín y risas bebiendo vino, contando cada uno sus anécdotas personales, si tengo novia  o si no, si estás casado, si yo tengo una nena pequeña, si vaya capullos los pelotillas.
Día D. Los pelotillas más destacados son dos. Comparten habitación, claro. Los afines se juntan. Hoy han estado especialmente mamones. Mucho. Como ya nos íbamos conociendo, el sicólogo ha elevado el nivel de crueldad y ha propuesto un juego muy muy cabrón. Se me olvidó decir que todos llevábamos nuestro nombre pinzado en el pecho. Todos sabemos nuestros nombres. El calibre del juego es el siguiente: todos nosotros somos pasajeros de un barco que se va a hundir. Nos salvaremos todos si decidimos sacrificar a 2 de nosotros. Entre todos debemos decidir a qué 2 sacrificamos. A los 2 que creamos menos válidos para este trabajo. 
Hijos de puta. Hijos de puta el sicólogo, la empresa y quien se preste a participar en tamaño disparate. 
Xisco salta antes: 
- ¿Tú te das cuenta de lo que propones, te das cuenta de que a una persona débil la hundes?
Era el momento que esperaban los mamones para echar el capotazo. Se atreven a contestarle a Xisco:
- Es que la vida es así... hay que asumirlo y no dramatizar. 
- Solicito públicamente que se elija a estas dos personas, si tanto les gusta el juego.
El sicólogo mira interesado. Se vota en secreto, metiendo un papel con un nombre en una caja. Los dos primeros que más votos tengan serán los perdedores. Todos los votos son para los mamones menos un voto para Xisco y otro para mí. Estamos que nos salimos. A la hermandad del vino no se nos quita la sonrisa de la cara. Los mamones piden poder salir esta noche, después de cenar, hasta el pueblo cercano para verlo. Se lo conceden. Empieza el tiempo de la venganza. 
Cenamos, mucho vino. Nos vamos a la habitación de la pareja afín, más vino. Xisco hace porros, fumamos. Se le ocurre al tímido: "Hágamos una cosa: les vaciamos la habitación a los mamones y cuando lleguen que se la encuentren vacía, sin camas ni nada". "Genial, pero ¿cómo la abrimos?" El de Castellón sonríe y nos muestra una tarjeta de crédito. La puerta abre con pasmosa facilidad y pienso que tengo que aprender esas trapacerías. Les vaciamos la habitación, distribuyendo sus muebles entre nuestras dos habitaciones y dejando otros por la escalera de emergencia. El Señor en su infinita sabiduría me ilumina: ¡¡¡El Burro!!!
- ¿Queeeeé?
- El burro, les metemos el burro en la habitación, y cuando llegan está la habitación vacía con un burro dentro. Se van a volver locos.
- Hostiaaaaaa, y ojalá les cague y les mee el burro en la habitación.
- Estos acaban llorando hoy...
- ¿No querían jugar duro? 
Se aprueba por unanimidad, nos vamos a por el burro. No hay candado, sólo un pestillo. El burro nos mira inquieto, duda entre acercarse a ver si le cae algo de comer, o salir por patas. Vamos bastante volados, entre la María y el vino. El burro se acaba de asustar. El de Castellón nos asegura conocerlos, que su tío tiene uno en la masía, vete a saber en qué masía. Hay combate: el burro le tira bocaos al de Castellón, pero este aguanta el tipo y lo pilla por la crin. El burro forcejea y le mete un par de sopapos. Protestamos: hombre, tampoco es plan de pegarle al animal... Naaaa, si estos funcionan así, joder, hacedme caso que mi tío tiene uno... Allí vamos con el burro, sujetado entre cuatro fulanos muertos de risa, por el medio del jardín. Al bicho contento no se le ve, para qué nos vamos a engañar. Hace como fuerza para no ir hacia delante y entonces el de Castellón nos dice que lo empujemos hacia atrás y querrá ir hacia delante. Funciona. Debe ser verdad lo del burro de su tío. Llegamos a las escaleras de la puerta trasera del recinto. Con la técnica de empujarlo hacia atrás, el burro comienza a subir las escaleras. Suelo muy liso el de las escaleras, el burro se resbala, se espatarra y nos despide en su caída. Recuerdo partirme el churro en el suelo y ver al burro levantarse y salir por patas. Corría que se las pelaba el cabrón. Se creía que era el puto caballo del Zorro o algo así. 
Nos dio tiempo a retornar los muebles a la habitación, salvo los que estaban por la escalera de emergencias, que esos no nos comprometían. El burro al día siguiente andaba suelto por el recinto. Todas las miradas se posaban sobre nosotros, pero mantuvimos silencio. El resacón ayudaba a poner cara de extremada inocencia. Se dejó pasar el asunto ante la imposibilidad de que alguien asumiera el hurto de los muebles y la suelta del burro. Nos portamos muy bien el resto del curso y aprobamos. Tengo un título de formador de formadores que jamás me ha servido para nada. La hermandad del vino aún mantenemos contacto.
Meses más tarde una compañera de trabajo me confesó que TODO el curso sabía que habíamos sido nosotros, que menudo escándalo montamos, que vaya chillidos pegaba el burro. Nadie habló.

El Desclasado ha hablado.                             

domingo, 6 de junio de 2010

Cosas que los hombres aprendimos en el cine.

- Si te machacas a hostias con otro tío y ninguno de los dos gana, os convertís en amigos íntimos.
- Todos los tíos que no son policías, detectives privados o mercenarios, son maricones.
- Si una mujer te cura una herida de bala, indefectiblemente se enamorará de ti.
- Las heridas sólo te dolerán cuando te las cure una mujer (que se enamorará de ti).
- Estad tranquilos: siempre que tiréis un morreo, en la situación que sea, será tremendamente bien recibido.
- Las doctoras en biomecánica tienen 22 años, morritos para comérselos, ojos preciosos y de teta, culo y tal, van increíbles. De cerebro no aparentan tanto. Aplíquese lo mismo para las catedráticas de filosofía, etcétera.
- Jamás hombre alguno ha dejado de enrollarse con su abogada: no jodas y no seas el primero. Lo normal es tirársela en alguna sala vacía junto al tribunal, justo antes del juicio: estará genial defendiéndote si sigues este sabio consejo, aunque seas Charles Manson.
-  Las médicas se ponen cachondísimas aún antes de que te quites la camisa. Lo de las enfermeras es directamente ninfomanía en grado extremo.
- Todas las rusas hablan español perfectamente, con delicioso acento. Todas quieren follar contigo. Les ha dado por ahí a las rusas.
- Todas las alemanas igualmente hablan español, con acento duro morboso. Todas quieren follar contigo;  te van a pedir que las castigues un tanto y llamarte "Mein Herr"
- Todas las inglesas son unas ñoñas y quieren follar contigo.
- Todas las chinas son espías y quieren follar contigo.
- Ninguna española quiere follar contigo.
- La amante de tu peor enemigo está enamorada de ti.
- Todas tus cuñadas te desean ferozmente. Si no te las follas arruinarán tu matrimonio. Si te las follas te ordeñarán y dejarán ojeroso.
- Cuando una mujer policía te para y hace como que pretende multarte, lo que está pidiendo es que te abalances y te la comas viva en el capó. No te extrañe lo del liguero: las mujeres policías siempre lo llevan bajo el uniforme.
- A todas las mujeres les entran terribles ganas de follar contigo cuando os persiguen, metralleta en ristre, 86 terroristas islámicos.
- ¡Dios mío, imbécil! ¿Pero por qué crees que te mira  así la panadera? Llénala de harina en la trastienda, estúpido, te lo está suplicando.
- Tu jefa está enamorada de ti y te putea para provocarte.
- Todas las senadoras, diputadas, etcétera, llevan ligueros en cualquier situación.
- Tras caer por las cataratas del Iguazu, haber luchado a puñetazos con 7 esbirros de los narcos, haberte estampado en una moto a 80 kilómetros por hora, la joven modelo de 19 años amante del jefe mafioso te encontrará irresistible y se te follará. Está vez limítate a dejarte querer. Opón algo de resistencia (tampoco mucha, eh) y se pondrá cachondísima.
- Hay dos modelos de brillantísimas periodistas de investigación o de destapar corrupciones: el modelo A tiene 21 años, está buenísima y el caso le importa una mierda, lo que quiere es que te la folles, más bien en plan sucio. El modelo B es una treintañera con un morbo que quita el hipo. Esta hay que trabajársela, te doy la clave: si le sacas toda la información que tiene se pondrá burra perdida. A esta te la follas en plan bonito.
- Si eres profesor, todas tus alumnas creen que las aprobarás si te ofrecen sexo. A estas ni agua. Por listillas.
- De reina para abajo, el sueño de todas las aristócratas es follarte. También llevan siempre ligueros. Lo del acento francés es que les gusta a ellas la tontería esa. Ojo que chillan en la cama, no salgas corriendo a llamar una ambulancia.
- Las mujeres militares tienen 20 años, un cuerpo de escándalo, todas sueñan con violarte a la fuerza, a punta de pistola si es preciso. Aquí toca estar calladito y dejarte hacer, que estas están muy zumbadas.
- Todas las indias se enamoran del blanco que aparece por el poblado. A estas a saco, que están asalvajadas.
- Las mujeres muy malvadas no te aman, pero antes de destrozar tu vida te van a follar. Tienen ese vicio las muy víboras.

Ya no se me ocurren más gilipolleces.
El Desclasado ha hablado.

sábado, 5 de junio de 2010

13 formas de hacer enfadar a una mujer.


Del blog Triple sentido copiopego esta chorrada que me ha hecho gracia:

  1. Dile que tienes algo importante que decirle. No le contestes cuando te pregunte qué es, deja que la curiosidad haga efecto en ella; para terminar, dile que te arrepentiste o que simplemente lo olvidaste.
  2. Si no se ha peinado hazle saber que lo notaste. Si trata de explicarse, cambia de tema y critica su ropa.
  3. Intenta oler su axila. Recuerda que te puedes ganar un golpe.
  4. Discúlpate con ella, cuando te pregunte por qué, vuelve a disculparte.
  5. Háblale de Aristóteles: La hembra es hembra en virtud de cierta falta de cualidades; o de Santo Tomás: El padre debe ser más amado que la madre, pues él es el principio activo de la procreación, mientras que la madre es tan solo el principio pasivo; cuéntale de Severo Catalina: Desde la edad de seis años, la mujer no crece más que en dimensiones, de Rubinstein: Una mujer es como un puro: hay que encenderla a menudo; si intenta defenderse menciona la Biblia: la suegra de Pedro, o el corán:El dominio masculino es indispensable para que los hombres puedan apropiarse del producto de la fecundidad femenina; y si aún no ha empezado a golpearte, puedes contarle de Noel Clarasó: El hombre que a los 20 años no cree en la mujer no tiene corazón, y el que sigue creyendo en ella a los 40 ha perdido la razón; y para terminar con broche de oro, Sacha Guitry: Si la mujer fuera buena, Dios tendría una.
  6. Compórtate como un simio o como un perro; al principio lo tomará como una broma y te seguirá la corriente, pero luego...
  7. Haz como si no entendieses nada de lo que dice y sube el volumen para escuchar mejor.
  8. Dile que sientes algo por ella mientras miras su busto.
  9. Contradícela, si arguye que la estás contradiciendo, niégaselo.
  10. Dile que solo quieres acostarte con ella.
  11. Utiliza la ley de atracción en sentido inverso. No dejes que se te acerque. Si buscas un verdadero escándalo utiliza esta técnica en presencia de su familia.
  12. Pon en duda lo que cree.
  13. Dile que ya te viniste (eyaculaste) y que ya te vas.
El Desclasado sigue siendo un mago del copiapega.

viernes, 4 de junio de 2010

Hubo un tiempo.

Hubo un tiempo en el que siempre que quedábamos llovía. Quedábamos en bares del casco viejo y siempre llovía, en esta ciudad que nunca llueve. Nos llenaba de asombro la coincidencia, mirábamos la lluvia por los ventanales, jugábamos a decir que dioses en los que no creíamos, provocaban la lluvia por haber quedado tú y yo. Tomábamos cervezas, discutíamos de política; tú seguías en tus utopías procubanas, yo en las mías antigobiernos de cualquier signo. Nunca nos poníamos de acuerdo. Después me hablabas de tus eternos problemas de timidez, de tu dificultad para relacionarte y de los problemas añadidos que te traía en tu trabajo. Nunca me creíste cuando yo te aseguraba ser tímido también. Nunca lo creíste, ni eso ni otras cosas. No me importaba: tampoco yo estaba muy convencido. Yo te contaba algún episodio histórico, me mirabas con mucho interés, a pesar de que algunos datos, pues...quizás no fueran como yo, con rotunda seguridad, me inventaba. Después íbamos a tu casa o la mía. Habíamos quedado pronto para estar más tiempo juntos, para estirar la tarde por arriba lo que no podíamos estirar la noche por abajo. Fue el tiempo en el que estabas aprendiendo a tocar el piano, el tiempo en el que conseguí odiar a Chopin, algo que jamás hubiera creído posible. Pasada nuestra primera época de vivir juntos, ya no teníamos canción. Ahora sé que fue un error que metieras esta de manera forzada. Entonces me hizo hasta gracia. Cubana, faltaría más:
Íbamos a casa y nos entregábamos de inmediato a la urgencia del sexo. Quizá, si estábamos en tu casa, antes me querías mostrar tus progresos al piano. Entonces yo me esmeraba porque cogieses un calentón tremendo, dejaras de una vez de aporrear ese maldito teclado y nos dedicásemos a follar. No lo hacía mal: sentado en un taburete a tu espalda, te sobaba. Si de normal tocabas de pena, entonces ya ni se sabía de lejos que pieza estabas destrozando. Te reías y me lo echabas en cara: ¿pero no quieres oír como avanzo? Sí, sí, interesantísimo, y seguía sobándote. 
Pasada la urgencia del sexo, venía la bronca. Llegaba racional al principio. No hay peor violencia que la disfrazada de racionalidad. Pese a que follábamos como animales, siempre presumimos ambos de ser muy racionales. "Explícame por qué no podemos volver a vivir juntos...Si ni tú estás con nadie ni yo tampoco". Y no tenía respuestas porque no sabía el porqué, sabía que no quería, pero no por qué no quería. Era perfecto para ti, te daba alas: "¿Lo ves? Es tontería tuya de hacerte el rebelde, no tienes ningún motivo racional". No, no lo tenía. La bronca iba en aumento, eso sí: de manera racionalísima. Siempre fuimos muy racionales para acabar diciendo cosas horribles. Por fin, si estábamos en mi casa, te dejaba en la cama y me iba al sofá. Si estábamos en tu casa, yo me iba: no quiero seguir con esto y no hay forma de pararlo. De camino a mi casa pensaba que era un error alargar algo agotado, por muy a gusto que estuviese charlando con ella o follando. O el paquete completo, para que nos vamos a engañar.
Pero al mes siguiente volvíamos a quedar: ¿es que no podemos ser amigos, no somos adultos? Y volvía a llover, volvíamos a reírnos, volvíamos a follar y volvíamos a embroncarnos por el mismo tema. La verdad es que si progresabas al piano, no me di cuenta, yo creo que no, pero tampoco tengo un oído entrenado musicalmente. En lo que progresamos fue en racionalidad: explícame por qué no puedes quererme; que me falta; que no te gusta de mí... Pero si sí te quiero, no es eso. Inmaduro, infántil y tal. No me toques los cojones: nunca te he engañado, te engañas a ti misma. Nuestra relación de pareja está agotada. No me importa quedar, te quiero y me gustas. Me gusta follar, tomar cervezas, discutir, no quiero relación de pareja. Pero dime el porqué, sólo dime el porqué. No lo sé. Vaso estampado contra la pared, con rabia urgente. Muchos pedacitos de vidrio brillando por el aire que después brillaron en el suelo. No, joder, no acabemos así, no. Me voy. Lo de siempre, pero en escalada.
La última modalidad fue hacer viajes juntos. Y si cagar una noche es triste, cagar un viaje a cientos de kilómetros de casa es trágico. No me gusta viajar lloviendo, además.
Un día hice lo que hacía tiempo debía haber hecho, dije: nunca más. Cumplí. La bronca fue terrible, pero cumplí. Le hice un favor a ella y me lo hice a mí: dejamos de hacernos daño. Llovió ese día, claro. 
Te he visto esta tarde. Si me has visto has disimulado. Yo tampoco te he dicho nada, no estoy en posición de pedir cuentas por lo que yo no he hecho: saludarte de manera racional y adulta. Mismo aire despistado. Igual de guapa, tal vez más de más madura, ya sin apenas aniñamiento. Te queda bien el pelo caoba. Te he visto y no llovía; lucía un buen Sol. Los dioses nos han dejado en paz al fin. Espero te vaya bien.
Hubo un tiempo en el que yo inconscientemente fui culpable, el malo de esta película, de no saber que no hay que alargar lo agotado, aunque las excusas para alargarlo se revistan de "racionalidad". Y los cojones.

El Desclasado ha hablado. La próxima entrada de sádicos asesinos en serie, que la primavera me ha llegado tardía, pero tonta como la madre que la parió.  


  

jueves, 3 de junio de 2010

Octosílabos decadentes, no exentos de la elegancia que me caracteriza.

Es que manda cojones: no sólo has de tener en cuenta sinalefas, hiatos, axis, pollas en vinagre variadas; que si la última es aguda cuenta una más, sino que además ha de rimar. ¿Y quién coño me mandaría  a mí dármelas de poeta?
Es que manda cojones....

Nací porque tú naciste.
Respiro porque respiras.
Si estás triste yo estoy triste.
Moriré cuando tú mueras.

Saldré si quieres que salga.
Entraré cuando tú quieras.
Haré lo que a ti te valga.
Seré siempre a tu manera.

Si quieres que luche, lucho.
Si pides me rinda, rindo
sincero homenaje, mucho,
a tu parecer tan lindo.

Está al final todo escrito,
así tú lo has decidido.
De amor por ti yo proscrito
Por ti muero y he vivido.

¡Dios mío! He tenido un empacho extremo de tontería. ¡Sal del cuerpo de Desclasado seas quien seas, hijo de puta ñoño subnormal! ¿Puedo decir que son versos "crepusculares"? Es que me mola decir "crepuscular".   ¿Han visto "Grupo salvaje" de Peckinpah o como se diga?
Creo que voy a gomitar.

El Desclasado no ha hablado, no es él.

martes, 1 de junio de 2010

Conclusiones 1ª lucha de sexos 2010.

Cara A o machos: las mujeres son más cotillas que los hombres. Lo llevan en su naturaleza como la víbora lleva picar. Se enamoran de cada garrulo para cagarse, en vez de fijarse en los interesantísimos Raus y yo. Piensan con el coño tanto como nosotros con la polla. Si no tanto, bastante. A pesar de despellejarse entre ellas con inaudita saña, no reconocen genéricamente ningún defecto y cierran filas. Haber hay de todo en todos los sitios, por supuesto.

(Si les pongo a las mujeres la cara B, no es descortesía, al contrario: para que tengan la última palabra).

Cara B o hembras: las generalizaciones sobre mujeres son topicazos. Las estadísticas no son fiables y están manipuladas. A lo mejor, a lo mejor, podría ser posible, tal vez quizá, las mujeres lean más revistas del corazón que los hombres, pero no está comprobado en qué porcentaje. Los hombres también despellejan. Las mujeres han estado muy mal, fatal, a lo largo de la historia y no han mandado nada. La objetividad es imposible, cada persona tiene su visión. Haber hay de todo en todos los sitios, por supuesto. 

Les juro que me he reído mucho, pero he quedado agotado. Son ustedes capaces de sacar de quicio al santo Job, señoras (esto último aportación personal mía, va de gratis). Hasta dentro de una temporada mejor no hacemos otra guerra de sexos, que partía con las ideas claras y ya no sé ni cómo me llamo y si soy un búfalo encerrado en un cuerpo de apariencia humana. 

Ustedes y yo hemos hablado. 
Miren el gringo este, qué gracia tiene para poner a cantar versos revolucionarios a un hatajo de burgueses que no tienen ni puta idea de lo que dicen los versos. Las palmas, dice. No sé si las de Gran Canaria o las que hago yo con las orejas.