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viernes, 30 de abril de 2010

Albóndigas con canela.

Tengo que hacer una gestión en Alicante, allí voy.
Madrugón. Llego a Alicante: luz, mar, palmeras, gente por la calle, un algo cercano a lo tropical. No consigo aparcar por el centro. Nada, no hay forma, están todos los parquings completos, me doy cuenta cuando bajo por la rampa que entra en uno, la barrera bajada y el tíquet sin salir, aprieto el botón de información, comunico que no sale tíquet y la voz metálica de la caja, habrá un enanito dentro, me contesta: "¿pero no ha visto el cartel de completo? Me cago en la mar: subir marcha atrás, de culo, rampa pronunciada con curva, doy gracias a Dios en estas circunstancias por no haber nacido chica. (Bibiana, lo retiro, ha sido una broma tonta, no me lleves a reeducar, reconozco que las mujeres conducen mil veces mejor, dos mil si hace falta. Y saltan más alto, mean más lejos y todo lo hacen más mejor. No me encierres, te lo suplico, me arrastro). A la fuerza ahorcan y aprendo a mirar el cartel antes de dejarme engullir por la boca del garaje, lo que me sirve para ver que todos están completos. ¿Pero qué pasa en esta bonita ciudad? ¿Siempre es así o me ha tocado el día mágico? Me empiezo a poner nervioso y lo canto conduciendo ojo avizor a posibles sitios:

Me estoy poniendo de los putos nervios,
de los putos nervios,
de los putos nervios.
Me estoy poniendo de los putos nervios
y me voy a cagar en san Dios.
(Letra: Desclasado. Música: desconocida, pero suena a algo familiar).

Pájaro que canta, algo tiene en la garganta.
Hora y cuarto, llevo hora y cuarto intentando aparcar. Le he dado dos vueltas al castillo, he subido y bajado por un número incierto de luminosas avenidas que van a parar al mar, he visto tías feas, guapas, desagradables y morbosas, sin estamparme contra una farola, me estoy poniendo de los putos nervios, de los putos nervios, de los putos nervios y mis oraciones consiguen un hueco para aparcar.
Me atiende una funcionaria fea y desagradable en lo personal, en el trato, pero que combina una tremenda efectividad en lo laboral. Muchas gracias, señora. Me comenta a mi pregunta, que los jueves es no sé qué de día de mercado y se pone imposible aparcar. 

Son las 10:30 y tengo el día por delante de gratis para mí, gastos pagados. Me ha agobiado la ciudad y en plan anuncio "¿te gusta conducir?" y conducir me gusta mucho, decido adentrarme en el interior de la provincia. Me gusta la naturaleza toda, pero el rollo playero de camareros folla guiris lo repelo. Me gustan las playas...desiertas. Va, menos excusas, Desclasadín, y vámonos p'al monte. Mapa Michelín en ristre, veo alturas atractivas salpicadas de pequeños pueblos en "Sierra Mariola", al Norte de la provincia.  Estuve enamorado de una Mariola blanquita, pecosa y casi pelirroja, cuando tenía 20 años, que no me hizo ni puto caso, bien está que ahora me vengue y penetre hasta el fondo de esta nueva Mariola, remedo subconsciente de aquella. Gano altura rápidamente por carreteras de curvas reviradas. Coche de alquiler, le doy caña en plan macarra veinteañero, como cuando pensaba más con la polla que con la cabeza. Ahora ya soy un tío casi equilibrado: pienso mitad con la polla, mitad con la cabeza. El "casi" viene determinado porque mi cabeza suele consultar con mi polla, pero aquella en cambio no atiende a razones, el pequeño animalillo ese va a su puta bola, yo ya no sé qué hacer con él, me ha salido maleducado y a ese no lo arreglan ni con educación para la ciudadanía. Empieza en las curvas a derrapar el coche, guápamente, me sube la adrenalina, tengo la máquina controlada, no teman. Una furgoneta que aparece en una curva me corta la macarrada. No ha habido peligro cierto, pero el toque de atención ya me sirve. Hale, va, vamos a dejar de hacer el imbécil que si me mato yo aún le tangaré el pasaje en la barca a Caronte, pero si mato a alguien, haciendo el gilipollas, la culpa me comerá. Jódete, polla, que ha dominado la cabeza en este lance. Ahora soy un turista tranquilo, relajado, que disfruta del paisaje, algo que yendo rápido es imposible: la situación requiere toda la atención en el asfalto. Atravieso valles feraces, cultivos de nísperos, entre peñascos de evidente calidad para escalar. Atravieso pequeños pueblos, muy pintorescos, aún con un rollo turístico muy marcado. Callosa, Polop, Guadalest... se van sucediendo los pueblecitos, se respira calidad de vida en ellos, felicidad ambiental. Penetro por fin en Mariola, ahhhhhh (sonido simulando orgasmo, ya sé que es una gracia escasa y garrula, momento zetapé, lo siento), paro y tomo de nuevo la Michelín, veo "Agres", pueblo pequeño con santuario que parece grande, es tan buen sitio como cualquier otro para comer, tal vez mejor que cualquier otro. Aparco, tranquilidad, calor de mediodía, olor a leña y silencio, veo restaurante, "Menú 8 euros", ni de coña voy a pasar tiquet de a tomar por culo de donde se supone que debiera estar, el precio me parece correcto. Entro, sitio limpio, agradable, fresco, conversación de los parroquianos sin tono elevado, televisión igualmente a un volumen discreto, joder, que a gusto voy a comer aquí, me digo, ya llevo unos cientos de kilómetros en el cuerpo, hay hambre. Me atiende un chico moreno de sonrisa franca sin doblez. Me oferta cuatro platos de primero que no recuerdo, salvo el que pido: albóndigas en salsa, me pone previa una ensalada y el agua es de litro y medio. Aliño la ensalada y mojo hasta pan en el aliño. Llegan las albóndigas y tienen regusto, poso, ¡a canela! Madre de Dios qué bueno está esto, yo que no he sido nunca muy albondiguero, santo cielo qué buen gusto para cocinar. Que me toca pedirle más pan al muchacho, que sonríe, supongo que contento por el éxito culinario conmigo.
Entre que llega el segundo, alitas de pollo, miro el móvil: "Sin cobertura, sólo llamadas de emergencia". ¡Redios!, que esto no es Agres, es el puto Shangri-La camuflado. Así ni me llamará María para volverme a decir: "Es que no doy crédito de lo animal que puedes llegar a ser, ¿pero cómo se te ocurre escribir que yo follo creyéndome una cyborg, pero, joder, ¿pero cómo quedo yo?, de loca, quedo de loca...". Bueno, sí me llamará pero le dará sin cobertura, esto es Shangri-La, sí.
Las alitas muy buenas. Las alitas poco misterio tienen para cocinarlas, quiero creer que es pollo de granja, pero no lo sé, la verdad, a mí me están muy ricas. Con las patatas y alcachofas asadas que acompañan las alitas soy inflexible: son de huerta, que está todo el pueblo rodeado de huertas y para qué coño se van a ir hasta el Mercadona a comprar latas de precocinados. Me modero con el pan, me da vergüenza pedir una tercera cesta. Postre tarta de queso igualmente buenísima. De colofón, el cortado va incluido en el precio.
Miren si me ha gustado que le voy a hacer publicidad:

El comentario que he leído lo pone fatal, no es mi caso en absoluto. Desde luego es de menú, no sé sí es  a la carta también. Quizás para una ocasión especial se busque algo más sofisticado (y caro), pero para ir viajando y comida de combate, yo encantado.
¿Qué mejor que un paseo después de comer? Veo allí arriba en la montaña, a una altura ya respetable, el santuario. Pues ya está bien de placeres terrenales y vamos a sumergirnos un poco en la espiritualidad.
                                           Foto robada de internet, no es mía.
                   
Tomo las indicaciones que señalan "Santuario" e inicio una áspera subida por las calles del pueblo. Me hace gracia un retablo de cerámica, motivo religioso, en la fachada de una casa con la siguiente leyenda: "Asise acabo de construir esta casa en el mes de octubre de 1773" ¿Se escribía antes "asise" todo junto o es burrera del autor? Misterios... De las cartas y escritos más antiguos que he leído, no recuerdo esa peculiaridad. La gente que me cruzo me saluda arrastrando tranquilo el hola: "holaaaa", son simpáticos por aquí. Ya llegando a la salida del pueblo empiezan a aparecer "estaciones". No sé cómo se llamarán, creo que así: estaciones, lo mío con la religión es de hace ya tiempo un mutuo desconocimiento, la religión me respeta a mí y yo hago lo mismo con ella, son monolitos de piedra numerados, vaciados a cierta altura y en el hueco hay una escena pintada en cerámica de la caminata del calvario de Cristo. Llegando al final del pueblo un señor sentado a la sombra en la terraza de -supongo- su casa, tras el hola cortés me pregunta: "¿Una promesa?". Me deja totalmente descolocado. Las opciones que me pasan a vuelamente por la cabeza, me parecen groseras. "No, una venganza", "¿Qué cojones es eso de una promesa?" y así de fino es mi chico, finalmente respondo: "Excursión de sobremesa" y asiente afable. Acabo de sobrepasar la cuarta estación, hay una pareja que aparentan novios pelando la pava, sentados en la barandilla de piedra del borde del camino. El chico me pregunta: "¿Una promesa?" y ya no puedo contenerme: "No, excursión, ¿pero tanta gente hace promesas por aquí? ¿Y es eso de la promesa, algo que se pide y si se concede te pegas el pateo hasta el santuario en agradecimiento, se promete eso, el pateo?". Sin perder la sonrisa responde que sí, que viene mucha gente, y que las promesas son variadas y de previo o posterior pago, según el acuerdo que hayas hecho con el Altísimo y el pago es el pateo, eso está claro. Han creído promesa porque pegarse esa subida a las 3 de la tarde no les parece a ellos algo que hacer de gratis. Pardiez, qué cosas, la de pactos que podría haber hecho con Dios, siempre subiendo montaña arriba y abajo. Bueno es saberlo: la próxima ruta por montaña creo que entablaré negociaciones primero, a ver si cae algo. Hay un montón de fuentes por el camino. Al ganar altura suena el móvil, es María, ya decía yo que esto era una venganza, más que una promesa. Da igual, la escasa rayita de cobertura no da para hablar. Llego a la explanada antesala del santuario, sitio sombreado con fuentes y bancos de piedra vieja, la hiedra cubre una de las altas paredes del santuario. La entrada al santuario vedada por verja imponente de hierro forjado. He sudado algo, tras serenarme llegó el momento mágico de cigarrito vicioso en entorno bonito. Se está de puta madre aquí. Pienso, y no sé si tengo razón, que los sinvergonzones de los monjes suelen elegir para estas cosas de santuarios, cartujas y monasterios, sitios bastante mágicos, mientras las monjas son más urbanitas para sus conventos. Pienso que esas paredes habrán visto mucho darse por culo. Normal: la homosexualidad se dispara  por lo tremendo en ese tipo de circunstancias, está bastante comprobado. Parece que al final todo el mundo busca el cariño, aunque venga por el roce y cuando no hay lomo de todo como. De todas formas, si estos sitios de encierro fuesen del ying y el yang de machos y hembras juntos, el putiferio que se montaría de líos, celos, enredos, persecuciones, lloros y peleas, sería más digno de un mal culebrón caribeño que de la paz que se respira aquí. Déjate estar: mejor que algunos se enculen a que tengamos sexo y pasión desbordada en la sierra. Dejo tan profundos pensamientos y me relajo un rato oyendo el agua de la fuente caer, los pájaros trinar, el viento mecer las hojas de los árboles y todo eso que se dice para expresar bucolismo campero. Suenan las campanas, no en el santuario, las del pueblo. Recuerdo una carencia que quiero remediar: quiero saber a qué doblan las campanas, el código para mí secreto que expresan con los distintos tonos musicales, no quiero saber por quién doblan, quiero saber a qué, qué dicen: si es a muerto, si es alerta, si es llamada...
Me voy teniendo que ir, me faltan otros cientos de kilómetros aún para volver a mi mundo habitual. Bajando, ya en el pueblo, escucho curioso el peculiar acento catalán, o valenciano-alicantino, que por eso no me pillarán discutiendo, de la gente del pueblo. Dicen "Mariola" y la "a" final no es ni a, ni e, ni o y es todas esas letras a la vez. Joder, qué riqueza en el matiz. El vocabulario es más rico que el alfabeto. Suena como "Mariolaoe" pero comprimiendo en una letra las tres últimas. Subo al coche ya para irme, vuelven a sonar las campanas y no sé qué dicen, ¿se estarán despidiendo de mí?.
Ya se me ha vuelto a ir la pinza y entrada kilométrica que me casco, joder, no tengo remedio. Marcela no me riñas.

El Desclasado ha hablado.

martes, 30 de marzo de 2010

¡Se tambalean los pilares de la ciencia! Mi amada asegura que no le altera el carácter el ciclo menstrual, que soy yo "que la pongo muy nerviosa".

Agencia EME.
Paco Jones. Enviado especial desde Londres para las revistas: "Sciencie", "Cosmopolitan", "Revista de Ana Rosa" y diario "Marca".

Debacle en la comunidad científica internacional.
Han causado gran sensación en los círculos científicos las declaraciones de María X, desde España, afirmando que el ciclo menstrual no altera su carácter, que es un tal Desclasado el que la pone muy nerviosa durante esos días, principalmente los días previos.
La noticia trasciende el ámbito de lo médico para adentrase en lo antropológico: ¿ha sido una construcción social, una falsa creencia generalizada que la regla altera el carácter de las mujeres? De ser ciertas estas declaraciones de María, nos hallaríamos en la tesitura de desmontar, dando por falsas, las relaciones sociales en las que hemos basado la construcción de la humanidad. 
Es una constante que las mujeres siempre siempre reconocen sus alteraciones caracteriales durante las distintas fases hormonales. Todos hemos oído repetidas veces a lo largo de nuestra vida frases como: "Disculpa, cariño, es que estaba histérica con el ovario que me dolía y todo lo veía negativo", "No, si tú no tuviste la culpa, era yo con la mierda de la regla", "Jo, sí, me pongo hecha una fiera", "Pero, seré tonta... Me entran ganas de llorar por todo". Frases que no hacían sino ocultar la verdad que bruscamente, gracias a las declaraciones de María, se está abriendo camino: el macho de la especie humana detecta las alteraciones hormonales de la hembra y se dedica a fastidiarla durante esos días buscando la provocación, con el retorcido objetivo de hacer creer generalizadamente a las mujeres que la regla las pone bastante insoportables, según casos. 
Las  valientes declaraciones de María abren una nueva perspectiva de género que da pie y confirma la teoría histórico-mundial de la conspiración de los hombres contra las mujeres. Los hombres, con crueldad sibilina, habrían perpetuado esta falsa creencia para disfrutar torturando sicológicamente a las mujeres. 
Aunque todo hombre consultado lo niega, investigaciones realizadas a partir de este descubrimiento confirman esta triste realidad:

7:30 de la mañana. Bar en polígono industrial de pueblo conquense. Se desarrolla la siguiente conversación grabada por nuestros micrófonos ocultos:

- Chaaacho, pone un carajillo de negrita, joer cagüento, que tengo que entrá a currar.
- Marchaaando carajillo pal Luij. Chacho: ¿vijte al abogao?
- ¿cabogao? 
- El que llevo aquí colgao, jua jua jua jua.- (El sujeto "camarero" lleva su mano derecha, con la que sirve los cafés y los bocadillos, a sus órganos sexuales y se los aprieta).
- ¡Jeraj cabrón! Jame, anda, que tengo que mirar el calendario...
- ¿La señora, que le viene la regla?
- Éeeequilicua- (Diversos traductores consultados no aclaran el significado de esta enigmática expresión, que quizás contenga claves necesarias para entender en su extensión esta conversación. Departamentos de lingüística y semiología de diversas universidades están trabajando en el esclarecimiento de la expresión ¿Códigos secretos entre hombres?)

Prosigue el sujeto cliente guiñando un ojo al sujeto camarero:

- Ya jabe: teno que ponem-me borde perdío la jemana ante pa hacel-la de creé que ejtá loca.
 - Ahí, ahí, que no je noj juban a la chepa, cagüento, que jon toaj unas *****. (Censurado en la edición internacional. La frase aludía a mujer que cobra por servicios sexuales).

-  Que te digo: ¿tu jabe como si dice "divorcio" en moro?

- Pos no.

- "Chao chochín".

- Pero ejo eee en shino...

- ¡Pos tríncame el pepino!, jua jua jua-. (El sujeto camarero vuelve a llevarse la mano a sus partes pudendas. Entre las 7:00 y las 15:00 que abandonó el trabajo, se contabilizaron 272 repeticiones de este gesto).

Ante las críticas al documento citado aludiendo a la acotada representatividad social de los sujetos de estudio, el Departamento de Antropología Social de la madrileña Universidad Complutense, realizó un trabajo de campo en el que se incluyen 3.652 muestreos de diversas clases sociales, ámbitos culturales y laborales, obteniendo en todos los casos resultados muy similares. Extraemos del muestreo, al azar, esta otra conversación, igualmente grabada con micrófono oculto:

Bilbao, margen izquierda. 13:53 horas. Conversación grabada en la calle:

- Kaixo, Patxi ¿Pasa pues kaces mala cara?
- Naaa, lo de todos los meses, mecagüendiosynopeco, a la mujer que le viene el periodo- (Obsérvese la finura vizcaína de la expresión "periodo", en contraposición con la vulgarmente utilizada "regla" en el estado español)- y pensando estoy a ver cómo la jodo este mes a la hija de la grandísima puta, aivalaostia- (Diversos departamentos están igualmente estudiando esta expresión: "aivalaostia". Ya apuntan algunas tesis, en coincidencia con la teoría de Herbert-Kaplann, que podría ser íbero antiguo, confirmando la descendencia del euskera del idioma íbero. El Doctor Romagosa Pérez va más allá y afirma que la expresión "aivalaostia" literalmente se traduce por : "madre mía, qué cosas me pasan a mí").
- Aúpa pues, Patxi, a darles caña, mecagüendios.
- ¡Ahí estamos, con un par de cojones, aivalaostia! Agur, Gorka.

Las evidencias son incontestables. 
Interrogada la sujeto "María X" como parte fundamental del estudio, las respuestas sólo contribuyen a incrementar el enigma:
"Uy, y porque no quiero hablar, por aquello de que las cosas queden dentro de la pareja y eso, pero si yo le contara las trastadas que me hace constantemente, yo no sé cómo lo aguanto, algo tuve que hacer muy mal en otra vida... Sin ir más lejos, el otro día... Mire, me callo. Oh, me encanta ser el centro de atención, qué guay, me da un poco de vergüenza, pero me gusta". 
Parece claro que María X está bajo fuerte presión. Quizás amenazada por el sujeto Desclasado, quizás traumatizada al valientemente quebrar un dogma que no ha resultado ser tal.

No obstante, interrogamos al sujeto "Desclasado", como parte activa del estudio, como responsable de destapar este efecto que ha resultado ser causa:

- ¿Pero qué gilipolleces dice, oiga? Yo le explicaré lo que está ocurriendo aquí. Verá: María tiene un ovario llorón y uno bronca. Sí, como se lo cuento. No, no sé si es el izquierdo el llorón o el derecho: cuando le pregunto me dice que eso son tonterías. El mes que le da llorón, ¡halaaa!: venga la llorera por todo y venga a verlo todo negativo: todo va a salir mal, vamos a morir, no tenemos dinero para lo que queremos hacer, la vida es una mierda, la gente es mala... ¿Pero usted se cree que alguien puede vivir al lado de eso, oyendo eso a todas horas? Pero qué vaaaa, el llorón es el bueno, sí, no le digo nada cuando le toca mes al ovario broncas: ese mes la palabra más repetida es "Tú": tú eres esto, tú eres lo otro, tú no te das cuenta, tú debieras haber hecho aquello, tú eres un cínico, tú...  Pero, tío, de verdad, si lo que me extraña es que no esté en un frenopático o como se digan ahora los manicomios. Joder, que quedo con ella, le digo: "Hola, guapa" y lo que me responde es un "tú" de esos que me deja noqueado. ¿Le he contado ya mi teoría del plan secreto de las feminazis para dominar el mundo? ¿No? Escuche, que esto tiene más tela de la que aparenta: las feminazís, en conciliábulo con la banca...


¿Medusa? No: María con el mes del ovario llorón: Todo va a salir mal...

El Desclasado ha hablado. Y se ha vengado de cierta conversación.