Veamos un escenario clásico, algo millones de veces repetido.
Usted, un macho como Dios manda, junto a su pareja mujer, se van a un evento. Llámese boda, cena de no sé qué, o presentación de mi última novela: "La emboscada de los templarios y las templarias y su puta madre en el Valle del ahorcado y la ahorcada".
Si usted no ha pasado por lo siguiente, usted no vive en este planeta: está tan tranquilo esperando los "5 minutitos y me arreglo" de su mujer, repasando el Ulises de Joyce, tan bien ahí en el sillón, cuando aparece su mujer vestida de manera un tanto indescriptible. Lo sabe, sabe la pregunta, ha sido mil veces formulada, sabe lo que ella va a decir:
- ¿Estoy bien así?
Seguida de sus múltiples complementos: "o me hace muy gorda, o se me ve muy blanca que aún no fui a la playa, o voy muy descarada, o no me pega con los zapatos".
Antaño, cuando las relaciones heterosexuales no estaban trufadas de condicionantes legales, usted era lícito que respondiese entre un abanico de opciones:
- Cariño, pareces una barra de choped. Sí, eso. Precisamente de la marca "Espetec". Justo el otro día que compré una me ha venido a la memoria..
- ¿Gorda? No por Dios, tú es que eres de huesos anchos... Jijiji.
- ¿Qué si estás bien? Ven aquí que ese vestido no llega al evento sin mancillar. - Esto léase con voz muy lujuriosa.
- Gruuunf-. (O sea: me importa una mierda).
- Bueno, si alguien te hace una buena oferta por sexo -que no me extrañaría...- y siempre que el cobro esté asegurado...
- ¡ME PARTOOOO! ¿Pero te has creído que eres Sissi emperatriz?
- Vaya... Es un vestido casi igual que el que llevaba Juanita en la boda de... Pero a ella le hacía... No sé... Como más tetas.
- ¿Cuánto coño de dinero gastaste en esa puta mierda? ¡Pero si es que los indios de "Bailando con lobos" llevaban mejores ropas, joder!
- Etc, etc, etc.
Pero no. Usted es perro viejo y sabe que la sinceridad hoy es directamente maltrato. Si usted responde lo que piensa, usted está maltratando psicológicamente a su mujer. Y eso no es ninguna broma, camarada. Hay miles de taradas esperando que usted dé un paso en falso para convencer a su mujer de que ella es una mujer maltratada y debe denunciarle. Como se lo cuento.
Así que adaptándonos a los tiempos, sabemos por Darwin que no sobrevive el más inteligente sino el que mejor se adapta al cambio, variamos la respuesta:
- ¿Estoy bien así?- ("O me hace gorda, flaca, putón, blanca, etc").
Y aprendimos a responder:
- Sublime.
Primero cometimos el error de responder sin levantar la vista del Ulises de Joyce, recibiendo la lógica contrarréplica:
- ¡Pero si ni me has mirado!
Después miramos, pusimos expresión critica, dudamos un segundo y respondimos:
- Sublime, inmejorable.
Inútil, caballeros. Ante esa respuesta vimos la inmediatez de la tortuosa alma femenina:
- Vaaa, dime la verdad, preocúpate un poco.- Y un mohín como de enfado, pese al tono que quería aparentar ser suplicante.
Y el puto Ulises de Joyce que ya ni sé por dónde lo llevaba... Y anda que es facilito de leer...
No importa. Si los hombres hemos sobrevivido millones de años compartiendo vida, morada y lecho con estos seres infernales, no es porque carezcamos de recursos.
Nuevamente mejoramos la técnica, todo sea para no ser acusado de maltrato:
- ¿Estoy bien así?- ("O parezco Moby Dick entre lo gorda, lo blanca, lo mala puta y la mala leche que me gasto, etc").
- Sublime, inmejorable. Pero... Hay algo que no me cuadra...
Vimos la ansiedad en su rostro, la inseguridad, como el estar pillada en alguna falta que había escapado a su ojo escrutador que le iba a hacer quedar en desventaja compitiendo con el resto de féminas que iban al evento, que a estas horas estaban torturando igualmente a sus parejas.
- ¿El qué, el qué, qué no te cuadra?
- Pues... Me preguntaba...
- ¿Qué, qué, qué te preguntabas?
Ahora hacíamos una pausa, volvíamos a mirarla, poníamos la vista como nublada, como buscando algo allá en el fondo de nuestro cerebro, saboreábamos el momento, dejábamos que ella insistiese:
- Vaaa, dime, ¿qué, qué te preguntabas?
Y hacíamos jaque mate:
- Pues me preguntaba que si Homero vivió hace unos 3.000 años, ¿cómo demonios pudo inspirarse en ti para describir a las diosas? ¿No te resulta un tanto extraño?
Tras el pasmo en el rostro, sonrisa satisfecha.
- ¡Qué tooonto! Jajajajaja. Ay, qué tonto eres.
Hale, tema cerrado. Si en el fondo son facilonas por mucho que desesperen con sus volantazos caracteriales. Son cuatro teclas básicas: sentirse deseadas, hacer como que comprendes su neurosis obsesiva, alguna bronca de vez en cuando en la que les dejes ganar, y la tecla de la entrepierna.
Y te ibas sin responder, porque realmente a ti eso de las modas, los vestidos y todo ese universo femenino competitivo entre ellas, pues como que ni te va ni te viene. Si con tal de que esté buena, ¿qué más te da que vaya de Dior que de la sección de chandals del Carrefour?
Pero el tema estaba lejos de ser superado...
En todos los manuales contra el maltrato, siempre exclusivamente unidireccional de hombre hacia mujer, empezaron a poner como pregunta de encuesta:
"¿Él te dice cómo debes vestir? ¿Protesta por cómo vas vestida?"
Lo cual no deja de tener su guasa cuando se pide que levante la mano el hombre al que su pareja femenina no le hace orientaciones sobre el vestir, o directamente le compra ropa, cuando no es un: "Ay, no, que con eso no estás guapo".
Pero así están de absurdos los tiempos en este final de la civilización que estamos viviendo.
Se abrió un nuevo escenario con nueva respuesta para no ser denunciado por maltratador, estigmatizado, expoliado y socialmente acabado:
- ¿Estoy bien así?
En ese momento usted ya no estaba repasando el Ulises de Joyce con su copita puesta, aquello ya quedó como una leyenda; usted estaba planchando, fregando, cosiendo, arreglando unos enchufes, o cocinando para dejar hecho. Todo eso a la espera de además conducir el coche, cual chófer de carroza, para llevar a la dama al evento, no sea que de conducir le dé una taquicardia o algo y le acuse de maltrato de nuevo por obligarla a hacer cosas contra su voluntad. Eran ya los tiempos duros, pero aún hallamos salida:
- Mi querida, mi ama, mi dueña, con todo el respeto: usted conoce que el patriarcado ha sometido a las mujeres desde los albores de la humanidad, estableciendo un modelo de relaciones asfixiante, opresivo, fundamentado en una falsa superioridad del sexo, perdón: del género masculino sobre el femenino, el bisexual, el gay, el lésbico, el transexual, el hermafrodita, el transhumante y el marxista-leninista de la IV escisión, 5º Congreso. Ese afán de dominación por parte del heteropatriarcado machista ha tenido sus códigos. Como muy bien y doctamente dicen en sus manuales de esas excelsas liberadoras de la mujer que son las feministas, orientar, dirigir, obligar e incluso sugerir, cuando no pensar, cómo debe vestir una mujer, es maltrato. Comprenderá que ningunas ganas tengo de oprimir sus libertades tan duramente conquistadas al patriarcado, y menos ganas aún tengo de acabar en el calabozo si se le ocurre descolgar el teléfono y llamar a una asociación de esas de malas puerc... perdón de liberadoras de la mujer, diciendo que la he maltratado. Es por esto que, de nuevo con todo mi respeto, me permitirá no opinar sobre cómo debe vestir para que yo la lleve al evento. Y ahora, si me lo permite, debo seguir batiendo la mahonesa no sea que se me corte y me gane otra bien merecida reprimenda de vuesa merced.
Bueno, esto no era agradable, pero se le quedaba tal cara de tonta que ya ni volvía a preguntar. Prueba superada: no se te podía acusar de maltrato físico ni de maltrato psicológico.
Añoraremos esos tiempos, camaradas, ya llegó la bomba atómica feminazi, ya llegó el MPP: el
maltrato psicológico pasivo.
De esta ya no te escapas, amigo. Hueles ya a presidio, eres carne de juzgado, no volveras a ver a tus hijos.
¿En qué consiste esta nueva
prueba diabólica?
Es sencillo: te escapaste por pecado de acción: no maltratas ni física ni psicológicamente. Pero esta vez no escaparás porque, abandonad toda esperanza, con la nueva regla del tablero es imposible escapar. Esto es el MPP:
"Tratar mal a la pareja también es no escucharle, no dar explicaciones, no pedir disculpas... ¿No crees que en una pareja que se respeta lo normal es poner interés y escuchar, explicarnos y dar explicaciones, y pedir perdón cuando se mete la pata?
Es importante que mejores tu capacidad de distinguir el maltrato psicológico pasivo (MPP) que es todavía menos evidente que el maltrato psicológico activo (MPA). La diferencia clave está que en el MPA la otra persona te daña por y con lo que hace; y en el MPP la otra persona te daña con y por lo que NO hace."
Y esta basura, esta aberración ideológica con la que lavan el cerebro a las jovencitas, la financian organismos institucionales:
http://geubiok.net/phocadownload/dokumentuak/chicastest.pdf
No hay escapatoria:
- ¿Estoy bien así?
Te echas encima y te la comes a besos de lo buenorra que se puso--------> maltrato físico.
"Estás francamente como una foca"----------->maltrato psicológico con agravante de maltrato animal.
"Estás muy guapa"-----------> maltrato verbal con connotaciones sexuales.
"Sólo responderé en presencia mi abogado"----------->MPP por no responder.
¿De qué me sonará lo de "por obra, omisión, o pensamiento"? Lo tengo en la punta de la lengua... ¿Seguro que la Iglesia hizo tanto daño al feminismo? Quién lo diría... Tal parece que sean de la misma camada. De aquí nada las hogueras purificadoras. Los autos de fe ya los hacen.
Quítate tú que me ponga yo. Es una vieja historia.