De la serie: "Grandes entradas largas del Desclasado que a David y a Nina les da pereza leer".
Posiblemente ustedes desconozcan que la Tierra ha estado libre de casquetes polares durante largos periodos de tiempo. Esto es, durante miles, millones de años en el Cretácico, no hubo hielo en los polos y, probablemente, esto volverá a suceder. Otra cosa es que ustedes o yo o mi primo lo veamos. O que la Humanidad llegue a verlo y no se extinga antes viendo la telebasura hasta el último momento, alertando del miedo a que venga la deresha, o insistiendo en flexibilizar las condiciones laborales de los niños esclavos, que les das la manga y se pillan el hombro, los muy gandules....
Alcance de la última glaciación, el casquete polar llegaba a París:

Hablábamos el otro día de la tendencia de las ideologías, en principio racionalistas, a convertirse en "religiones", con sus dogmas, sus pecados y sus liturgias. Hablábamos de que el gran logro de la Ilustración fue desvincular el concepto pecado del concepto delito: un pecado no ha por qué ser delito, aunque algunos pecados sean al tiempo delito. Pero... desde una perspectiva histórica no es difícil apreciar que el humano vuelve al redil (y la humana ya ni te cuento) y las ideologías, en principio científicas, devienen con pasmosa naturalidad en religiones dogmáticas donde la disidencia, pecado, igualmente deviene en delito. Ustedes me pueden decir que se me ha ido la pinza y yo les contestaré que vayan a Corea del Norte y hagan una crítica razonada a su régimen, después ya me comentan a dónde quieren que les mande tabaco, o, más bien, en qué lugar hay que depositarle flores. Cosas de la aplicación del materialismo dialéctico, que cuando llevo yo la vara aquí se dialoga de lo que yo diga. Y al que asome la cabeza, duro con él, Fidel, Fidel.
No escapan en absoluto las democracias a esta identificación entre pecado y delito. Bien al contrario, su forma de llevarnos al redil es más sutil, más deslizante, menos forzada, como más voluntaria. Siempre ganan los malos, amigos, y el Capitalismo es el sistema más perverso que ha parido madre. Tiene la virtud estratégica de su elasticidad: no tiene principios sólidos, no tiene más entidad propia que la explotación, la esclavitud, el Poder Absoluto. Y para conseguirlo puede decir una cosa y su contraria, apoyar la reacción y el progresismo, crear la resistencia y su represión. Es para quitarse el sombrero, ciertamente. No sé yo si acabaran perdiendo la chola en la guillotina, porque al tiempo que apoyan las guerras de saqueo, nos venden al pueblo el rollito Gandhi para que seamos mansos corderitos, recurramos al diálogo, estemos bien amariconados, sensibles y comeflores, y no asaltemos la Bastilla como toda la vida se ha hecho, joder, que para problemas de solución conocida hay que dejarse de experimentos y aplicar los remedios tradicionales, siempre efectivos.
El Capitalismo, camuflado de "democracia", se ha creado muy interesadamente sus propios dogmas, sus religiones. Me aburre ya hablar de feminazismo, lo del feminismo fue otra cosa,
no fue enfrentar a guerra sin cuartel a mujeres contra hombres (divide et impera, otro de los grandes clásicos); hablar de cómo la trata de esclavos que se han de pagar su propio viaje se ha convertido en "multiculturalidad", hablar de todos estos dogmas que sorprendentemente los progresistas han acogido en su seno en una reedición del eterno clásico de "trabajar para el enemigo".
Una de las ideologías racionales, devenida en algo más cercano a una religión, ha sido el conservacionismo, que ustedes ya ni sabrán qué es porque ahora se llama "ecologismo". La idea básica es bien sencilla e incluso, sin relativizar, ética: troncos (y troncas, que hoy estoy políticamente correcto y correcta): o cuidamos la casa en la que vivimos, la conservamos bien linda y sana, o nos vamos a morir de asco en un puto vertedero feo e insalubre. ¿Alguien con dos dedos de frente y que no sea un malvado (las malvadas no existen) puede negarse a esto?
Y volvamos a los dos dedos de frente: a nadie se le puede tampoco escapar que los grandes causantes de la destrucción paisajística del planeta, de la contaminación insana, de la extinción depredadora de recursos, son los mismos que controlan los medios de comunicación, los que fomentan y dirigen a la gente a pensar en la dirección que ellos quieren. Los que no informan: adoctrinan. La madre de Bambi murió, queridos, alguien tenía que decírselo.
Y estos tíos se han creado la religión del cambio climático, ¡ay del hereje que discrepe!, ¡ay del fascista que con su disidencia, sus dudas, quiera cargarse a Pachamama!, la madre Tierra, o como quiera que ahora le llamen los cursis al pedazo de roca este flotando por el espacio. Intentar que no me manipulen, con mis muchas dudas y mis muchas certezas, me convierte en asesino de Pachamama, que además, al ser ésta mujer, cometo también pecado de violencia de género. No me salva ni Rajoy, tanto pecado no cabe en tan poco cuerpo mortal.
No ha mucho surgió, aunque se tapase, el escándalo del
Climagate. Si no quieren leer el enlace completo, resumo: básicamente consiste en que los piratas informáticos destaparon miles de mails de los científicos popes del Cambio Climático. Ejem... la estafa, la persecución al disidente, la clara y organizada (y bien financiada) conspiración, quedó bastante al descubierto.
Pero... ¿quién prefiere los fríos datos a la cálida fe?
La jugada, como casi todas las del Capitalismo, es perfecta: los que están jodiendo el planeta nos convencen de que hay un cambio climático, casi para ya, de terribles consecuencias, del cual somos responsables los ciudadanos con nuestro estilo de vida. Para quitarse el sombrero, lo que yo les diga. Nada que los que mandaban antes, la Iglesia, no utilizase a tutti pleni como muy efectivo mecanismo de sometimiento: la culpa. Uno siempre estaba en culpa, por obra, pensamiento, intención u omisión. Con estas cartas ganaba siempre la Banca, no había escapatoria posible. Y con las cartas del Cambio Climático como cuestión de fe, continúa ganando la Banca: es imposible que la actividad humana no modifique el paisaje, que no nos duchemos. Con el ritmo de vida impuesto, es imposible que no manejemos vehículos, que no colaboremos con la predación de recursos consumiendo coltán para nuestros, ya obligatorios, teléfonos móviles. Somos culpables y tendremos que pagar. Es genial. Ellos contaminan, ellos me imponen un ritmo de vida contaminante, yo soy culpable. Son unos magos. Los putos amos del trile.
Y son unos magos que recurren a otro de los grandes clásicos: el miedo. Miedo y culpa, excelente combinación. Miedo, porque vamos a derretir los Polos y moriremos ahogados entre terribles maremotos; miedo supersticioso porque "la tierra se enfada" (hay que ser cenutrio para creer esas bobadas) y provoca terremotos, volcanes e inundaciones; miedo, porque el calentamiento global traerá desgracias sin fin; miedo, miedo, miedo y además por nuestra culpa...
Me confieso pecador: no tengo miedo ni siento culpas. Ni siquiera me creo el rollo, tal y como nos lo enfocan. Veamos...
¿Tiene capacidad el Hombre (la Mujer nunca hace nada malo) para alterar el clima hasta el extremo que nos están contando? ¿Qué nos decía la Ciencia antes de ser sustituida por la Religión? Tomemos algunos datos de imposible duda.
El
Óptimo climático medieval fue un periodo extraordinariamente caluroso en el Atlántico Norte. Pero fue desde el siglo X hasta el XIV..., siglos que todo el mundo conoce que la Humanidad desarrolló una actividad industrial exagerada, o sea, prácticamente ninguna. Se expandieron por el Norte de Europa los cultivos que hoy conocemos como meridionales. Los vikingos aprovecharon el deshielo para colonizar Groenlandia, Canadá... ( Y de paso violaban sin invitar previamente a copas, lo de esta gentuza es que no seguían ni el guión...)
Huelga decir que culpar a la actividad humana de este real, y de verdad excesivo, cambio climático, es una sandez.
Pero... ¿qué siguió a este calentamiento? Pues la
"Pequeña edad de hielo" , desde el siglo XIV hasta mediados del XIX, aquello de nuestros abuelos de que "antes hacía más frío". Y tanto: el Ebro se heló 7 veces, una de ellas durante ¡15 días!; nuestras sierras meridionales están llenas de "neveros", pozos en montañas donde ahora nunca nieva, que servían para recoger nieve, apelmazarla y darle un primitivo uso industrial. La presencia de estos neveros "nos convence" de una realidad: "antes hacía más frío". Pero es que durante esos siglos hizo mucho frío, es cierto.
Pozo nevero en Ronda, Malaga, con una temperatura media actual de 16º:
Bien, hemos visto que en los siglos más recientes que nos preceden, con una Humanidad capaz de documentar, se sucedieron dos cambios climáticos realmente fuertes, siendo una sandez culpar a la actividad humana de ellos. Después veremos si el Hombre puede alterar el clima, pero de lo que no podemos dudar es de que el clima cambia solo. Y además permanentemente.
Los humanos somos cronológicamente una mierdecita muy chiquitita, el granito de arena más pequeño del Sahara sería enorme en la inmensidad del desierto comparado con el paso de la existencia humana por el planeta este. Pero nuestra tendencia a creernos el ombligo del Universo nos hace perder la perspectiva. Antes de la irrupción religiosa en la ciencia, sabíamos que nos hallamos en una época glaciar recesiva y que, con sus altibajos como los óptimos climáticos y las pequeñas edades de hielo vistas, la tendencia es a llegar a un periodo interglaciar, esto es, a la desaparición de los casquetes polares hasta la siguiente glaciación. Esa es la historia de nuestra vida, aún cuando ni estábamos por aquí,
ni el idioma andalú había alcanzado la cima de su erudición.Tabla de las glaciaciones:
Pues ya me jodieron, me hacía ilusión ser tan importante que derrito los polos. Me conformaré de momento con derretir las bragas de una mirada.
De momento la religión pierde ya una de sus bazas: los cambios climáticos son naturales, en absoluto hace falta la acción del hombre para que el clima cambie.
Pueden ver, una somera explicación científica aquí:
Todo apunta a que la variación del ángulo del eje de la Tierra conlleva cambios en la incidencia del Sol sobre el planeta y lía las del pulpo, ¡hala, venga el hielo, o venga la caló!
Pero la fe, es sabido, es combativa y se defiende de la siguiente manera: "sí, ya, pero la acción humana está acelerando ese calentamiento natural hacia el que nos dirigimos". Considero que hay que ser muy valiente para sostener esta afirmación. Dejando de lado la consideración "y si se va a calentar igual ¿que más da que la aceleremos un poquito?", creo que sostener científicamente que estamos acelerando un cambio climático incidiendo fuertemente en él, es muy arriesgado. Es tan arriesgado que sospecho que ya entra más en una dimensión religiosa en algunos casos, política e interesada en otros, que meramente racional.
Veamos.
Los muy naturales cambios climáticos a los que la Tierra se ve sometida no son lineales. No podemos decir: "de tal año a tal año toca frío o calor". Son múltiples los factores en juego, obviando incluso las inclinaciones del eje de la Tierra. La relación entre erupciones volcánicas y clima ya fue enunciada por nada menos que Benjamín Franklin en 1874. Algunos años antes, en 1815, sucedió el conocido "año sin verano". ¿Qué pasó ese año para que no hubiese verano? La historiadora Carme Gozalo, desde una perspectiva histórico-social y por lo tanto sin meterse en jardines climáticos, nos lo cuenta en un apasionante artículo, que resumo por si ya están aburridos: la explosión del volcán Tambora de nuevo lió la del pulpo con el clima.
Súmenle al hallarse en la ya conocida "Pequeña edad de hielo", el efecto extra de este volcán.
Nada de lo que alarmarse: hace tan sólo 27 millones de años, el volcán conocido como
"Caldera de la Garita" (enlace en inglés), agárrense a la silla con sus dimensiones:
75 kms de largo por 35 de ancho, metió tal hostia que provocó un cambio climático brutal, extinguiendo a una cifra desconocida de especies, pero que se estima igualmente brutal.
¿Qué he dicho hasta el momento que niegue que la acción del Hombre altera gravemente el clima? Pues, hombre, tirar por tierra que el hombre altera el clima, no lo he tirado, pero dejar bien claro que no lo altera "gravemente", ya he demostrado lo que son alteraciones graves, rápidas y con consecuencias. Y el Hombre ahí poquita mano metió, ¿eh?
Y acabamos ya. Me toca, con toda humildad, reconocer que en el maremágnum de informaciones, desinformaciones, mentiras, intereses, y mi propia falta de conocimientos fiables, sumado a mi incapacidad para investigar por mi cuenta, habida cuenta de la carencia de medios para hacerlo, que: no puedo saber la real incidencia sobre el clima que tiene la acción humana. Pero igualmente, con menos humildad y algo de arrogancia, afirmo creer una estafa global, otra como la gripe A, toda la parafernalia, la culpa y el miedo con la que me bombardean con el supuesto cambio climático.
Sumo los siguientes factores:
- Ninguneo y ocultación del escándalo del Climagate.
- Los que más me bombardean son los mismos perros, otros collares, que los que me están destrozando el planeta, al tiempo que los mismos perros, cambio de collar de nuevo, que me venden toda la industria "verde" apoyándose en mi supuesta culpa.
- Es innegable que el clima cambia de manera totalmente natural. ¿Por qué alguien con los medios necesarios no podría aprovechar ese natural cambio para culparme a mí? ¿Por qué no reeditar ese antaño "Dios se ha enfadao y por eso ha mandao un terremoto", con un actual, e igualmente apelando a la superstición, "nos estamos cargando el clima y ya verás, ya, Pachamama se va a enfadar"?
- ¿Por qué esa persecución a los científicos que lo niegan? ¿Por qué ese querer acallar al disidente? ¿Por qué ese tachar de ignorante, de loco, de irresponsable a quien dude?
- No me fío una puta mierda de las verdades reveladas e insistidas por los medios de comunicación.
-¿Por qué hay tanta confusión con un parámetro matemático tan sencillo como si las temperaturas suben o bajan, y cuánto, de media anual?
- Y lo que me río con el calentamiento cuando hace tan solo año y poco, 7 de enero de 2010, Gran Bretaña amaneció sumida en una miniglaciación:
Y hecha la suma, a mí me sale PUFO.
Dicho lo cual, aclaro que soy muy, mucho, conservacionista. Pero que se vayan a comerle la pelota a su puta madre.
El Desclasado ha hablado, que hacía tiempo que no lo decía y me he quedado muy a gusto disintiendo.