Lo primero pedir disculpas por no responderos a los comentarios de entradas anteriores. Lo segundo y sacando un rato, hacer una entrada que mantenga el blog vivo, medio muerto, pero aún respira.
Las morbosas de mis lectoras no paráis de pedir porno, mas tanto estrés me ha vuelto a provocar defunción sexual, y estas cosas hay que hacerlas con ganas o no hacerlas.
Me tiro pues por el camino de la anécdota histórica, tiempos gloriosos volverán de nuevo y tendré otra vez las pétreas erecciones de antes. De momento Joaquinito dice que no quiere saber nada y ahí está, pobrecillo, como encogidito, como tímido, retraído, metido hacia dentro, que da penita ver esa antaño pica de los tercios forjada en la más dura madera, acero en su punta, convertido en un pellejito modoso que más semeja clítoris escondidizo que rayo capaz de derrumbar las más altas cumbres (vaginales, joder, que hay que explicar hasta las metáforas).
Volverá la oscura golondrina
en tu vagina su nido a colgar
y otra vez con la polla en tu abertura
jugando llamará.
(Me he cepillado 150 años de becquerianismo de un sólo plumazo).
Venga, que me lío regodeándome en mis miserias, vamos con la peculiar relación de los españoles con los elefantes.
Istolacio, Indortes, Orissón, nombres que a la mayoría de ustedes no les dirán nada, otros de nuestros héroes olvidados, van a protagonizar en las siguientes líneas una típica gesta hispana: valentía inconsciente, ingenio, falsedad gitana para con el enemigo y absoluta crueldad para con los vencidos. Lástima que nos hayan quedado todos los defectos y hayamos perdido las virtudes.
El año 238 antes de Cristo los cartagineses inician la conquista de Hispania. Amilcar Barca, de los Barca de Cartago de toda la vida y a cuyo linaje, los Barcino, debe su nombre Barcelona, es el magnífico general cartaginés a cargo de la operación. Entonces no mandaba allí en Barcelona Convergencia i Unió y aún debían de pasar unos 17 siglos para que los catalanes tuviesen algo así como una conciencia de pueblo. Desconfíen, niños catalanes, si les cuentan en el colegio que Cataluña es una nación muy antigua y tal y que fue creada por Tarradellas (el del salchichón no, el otro) en el siglo V antes de Cristo.
Pero ya sabemos de otros episodios que los hispanos éramos unos tíos muy broncas que nos dedicábamos a matarnos entre nosotros, más o menos como ahora, hasta que llegaba alguien de fuera y entonces se animaba la fiesta y el hospitalario carácter hispano alcanzaba su máxima expresión. Tras fundar Barcino/Barcelona Amílcar se encuentra con la primera resistencia organizada: tartesios y célticos comandados por otro de nuestros héroes olvidados, el jefe turdetano Istolacio, plantan dura resistencia a Amílcar. Nada puede la resistencia de esa especie de tribus de indios que eran entonces los hispanos frente a la maquinaria de guerra cartaginesa. Istolacio es derrotado y crucificado, las tierras de los resistentes devastadas.
Diodoro Sículo nos lo cuenta así:
Luchando (Amílcar) contra los íberos y los tartesios, con Istolacio, general de los celtas, y su hermano, dio muerte a todos, entre ellos a los dos hermanos, con otros sobresalientes jefes, y alistó a sus propias órdenes tres mil, que había apresado con vida.
No habría paz para Amílcar... Tras la derrota de Istolacio, surge nuestro segundo hombre: Indortes, quien a cargo de 50.000 lusitanos y vettones decide probar suerte en eso de no dejarse invadir. Más valientes y suicidas que organizados, son nuevamente derrotados ante la maquinaria perfecta del ejército cartaginés. Indortes en un principio consigue huir, atrapado posteriormente recibe muerte de cruz al igual que Istolacio. Cartago avanza imparable en Hispania. De momento vamos 2 a 0, pero hasta el último minuto todo es partido y hasta el rabo todo es toro. Y de toros vamos a hablar también.
Descansa Amílcar en Akra Leuka, fortaleza en la costa alicantina. Allí tiene a sus hombres, sus municiones y al principal autor de las hasta ahora destrozas hispanas: los elefantes. Imaginen el efecto, el pánico que causaban estos animalitos y sepan también que estaban entrenados para atacar, embestir, patear:
Los hispanos no teníamos elefantes, pero teníamos toros, que, bien mirado, no deja de ser un elefante pequeño y cabroncete.
Cerca Amílcar Hélice o Vélice y llaman en su socorro los habitantes de esta ciudad a las demás tribus celtíberas. Si quieren situarse en el contexto actual estamos en Elche de la Sierra, Albacete, o Elche de Alicante, a más no llegamos. Entra en escena Orissón y Cartago va a recibir su primera e increíble derrota en Hispania.
Orissón se deja de mariconadas de caballerete fino, de ir de cara y plantar batalla noblemente y todas esas gilipolleces que cuando te enfrentas a un ejército profesional con una tecnología muy superior, no sirven más que para que te lleves la del pulpo y la de la pulpa. Orissón va a comportarse como un español de pro: va a recurrir al engaño, al ingenio, a la valentía suicida y a la extrema crueldad con el vencido. Como toda la vida, joder, que ya está bien de aguantar a los putos medio moros estos de los cartagineses y su mier-de-ci-ta de e-le-fan-ti-tos. Va a morir mucha gente hoy. Hoy se inicia el primer episodio conocido de la guerra por la independencia en España y este partido lo vamos a ganar. A tomar por culo ya con esta gentuza que va por ahí invadiendo a lo loco cuando los hispanos estábamos aquí la mar de a gusto matándonos unos a otros, pero de buen rollo, eh, cosas de ser unos del Pesoe y otros del Pepé (recordemos que a Convergencia i Unió le faltaban 23 siglos aún para que el cordobés Montilla les ganase las elecciones).
Ya estamos en Elche y desplegado el tremendo potencial militar cartaginés, con sus elefantes bien visibles. Aparece Orissón y sus hombres oretanos con lo que entonces fuese la bandera blanca y dice ofrecerse como mercenarios para luchar junto a las tropas cartaginesas. Amílcar Barca muerde el anzuelo. Orissón llevaba carretas llenas de paja tiradas por toros bravos, podemos suponer que fingiendo que eran presentes, regalos para Amilcar. Y una polla regalos: a la señal convenida le prenden fuego a la paja de las carretas, los toros asustados pican espuela despavoridos... lanźandose contra los elefantes de Amílcar, que a su vez caen en el pánico y se revuelven contra los mismos hombres del ejército cartaginés. El acabose: toros salvajes embistiendo contra lo que se le ponga por delante tirando de carros en llamas, elefantes enloquecidos, corneados y quemados embistiendo a su vez contra su trasera en un intento de huida despavorida... y, por si faltaban invitados, miles de salvajes hispanos que esperaban el momento se lanzan a acuchillar, liderados por Orissón, a todo cartaginés, o que lo parezca, que se cruce en su camino, repte, se arrastre o vuele corneado por los elefantes. Cartago sufre una derrota fulminante. Si los hispanos hubiesen sabido escribir hubiesen escrito: "En el día de hoy, exterminado a cuchillazos el ejército cartaginés, las tropas hispanas han alcanzado sus últimos objetivos. La batalla ha terminado. Viva Orissón, Arriba Hispania y tal, a los rojos ni agua. Viva San Fermín, Gora sanferminako, magnifico encierro el de hoy aivalahostia".
Hay quien dice que Amilcar Barca murió en esta batalla, hay quien dice que murió al año siguiente recuperando lo perdido. Hay quien dice que los toros no tiraban de carretas y que lo que hicieron los oretanos fue embolarlos con bolas de fuego en las astas y de ahí viene, antiquísima, la tradición del toro embolado, también llamado toro de fuego. En la bruma histórica de la Hispania prerromana es imposible saber qué versión es correcta, posiblemente ninguna: el escritor actuaba con mentalidad colonial y embellecía las derrotas propias. Hay quien dice una cosa y hay quien defiende otras, pero de Orissón nunca más se volvió a saber, ya no hubo jamás constancia escrita de él. Desapareció en el agujero de la historia. Le queda el honor de ser el primero en derrotar al ejército cartaginés en Hispania e iniciar una lucha por la independencia que terminaría siglos después en un mestizaje hispanorromano. Y entonces llegaron los godos, pero esa ya es otra historia.
Quería contarles otra historia donde también se metieron los elefantitos por el culo, esta vez los romanos en Numancia, pero creo que con esta de hoy ya va bien y no lo hacemos tan largo. Para otro día y mantengo vivo el blog.
Fuentes: Modesto Lafuente (nombre muy apropiado) en el siglo XIX creo el primero en recoger estos textos de Diodoro Sículo, Polibio, Justino, etc.
Corríjanme cuanto gusten: nos tenemos que ceñir a los textos que hay, no hay más. La historiografía franquista tiende a embellecer estas gestas, se inventa "cosillas", la historiografía de la democracia sencillamente es nula, hasta donde yo sé todo esto no existió y España empezó cuando un ladrón llamado Felipe González ganó unas elecciones.
Besos, abrazos, tocamientos lascivos, lametones, miradas llenas de deseo, etc. (Es todo boquilla, estoy con defunción sexual).